Sinopsis:
La historia "la marca" se trata de un hecho muy emocionante. Resulta que una señora va un día a comprar un armario que ella había visto en el local. Al consultarle al vendedor dónde estaba, éste le contesta que ya se había vendido. Al ver la cara de frustración que puso la señora, el vendedor le pregunta que le había ocurrido. Este armario tenia un significado muy importante para ella. Es aquí donde Silvia le cuenta al vendedor que cuando era pequeña era de su pertenencia, y ella lo reconoció por una simple marca que ella misma había hecho.
Historia
Caminando, como tantas tardes por las calles de Buenos Aires, Silvia logró reconocer en la casa de antigüedades “La Ocasión”, el armario de su niñez. Aquel armario, su armario. Millones de recuerdos vinieron a su memoria; desde aquellos momentos de la niñez hasta el día del exilio, maldito exilio...
Pero es mejor recordar los lindos momentos, como aquellas tardes
en la casa de la abuela donde Silvia pasaba el rato jugando entre los muebles
de la gran casona, mientras su madre y su abuela tomaban el rutinario té.
Un mueble en particular, aquel que en lo alto guardaba un tesoro,
era su preferido. Un día decidió subir a la banqueta del piano, tratando de
tomar el cofre y lo logró. Al abrirlo se llevó una gran sorpresa, algo mágico. Asi fue que decidió hacer
una travesura: escribir el diminutivo de su nombre, "Sil", en una de las puertas y ahora sí, ese sería su armario para siempre. Armario donde se
guardaban sus juguetes de cuando era más pequeña, la ropa que ya no le iba, sus
disfraces (prendas que su madre ya no usaba); lugar donde ella se escondía y jugaba. Cada tarde, al volver a la casa de su abuela, se reencontraba con
su armario y los tesoros que él guardaba…
Silvia había exiliado a España junto a sus padres en plena
dictadura Militar Argentina. Soñó durante más de 20 años volver a su país, reencontrarse
con sus cosas, sus juegos, sus libros, su casa. Pero el tiempo pasó, con cada
vez menos noticias sobre sus familiares y amigos. Con el pasar de los años,
supo que su casa y algunos muebles fueron vendidos por sus familiares; algunas cosas
donadas a fundaciones y otras vendidas a personas particulares o casas de
antigüedades.
Un sábado gris, lluvioso, se encontró de repente frente a la
vidriera de una casa con muebles del estilo de la época de su infancia. Con
nostalgia recorrió, con su mirada, uno por uno aquellos viejos muebles. Ante su
sorpresa vio que uno de ellos era igual a su armario .
Entró al negocio, lo observó detenidamente. Tomó coraje y abrió una
de las puertas. Y allí vio, con asombro y emoción, su nombre tallado en la
madera. “Sil”, marca que ella misma había realizado pocos días antes de
abandonar el país.
Con los ojos llenos de lágrimas, melancolía y recuerdos, salió de
allí casi corriendo. Volvió a su pequeño departamento, angustiada pero al mismo
tiempo con alegría. Durante unos días pensó y pensó qué hacer; y así fue que a
la semana siguiente se dirigió nuevamente al lugar, decidida a comprar ese
mueble antiguo, sin ningún valor comercial, pero con un gran valor emocional.
Al llegar al lugar notó que algo no estaba bien. Ante la sorpresa
del vendedor, que atento escuchaba su historia, se fue dando cuenta que el
mueble había sido vendido.
Una gran tristeza inundó su ser; nuevamente
salió, sin rumbo fijo, a caminar por las calles de Buenos Aires.
Testimonio de Ángel Martinez, dueño de la casa de antigüedades:
Representación Fotográfica:
Representamos el momento en el que Silvia decide marcar su nombre en el mueble:










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