martes, 20 de mayo de 2014

La vida en el teatro

Sinopsis:

Aquí encontramos el relato de un gran hombre. Fermín Gonzales que, navegando por sus recuerdos, nos cuenta algunos momentos compartidos entre él y el famoso Carlos Carella empezó su trayectoria en el Sindicato de Comercio lavando los platos, pero hoy se puede ver lo orgulloso que está en tener el puesto de Técnico de Iluminación actualmente en el teatro. Hay un momento en particular, en el que Fermin y Carella se encuentran conectados por la disposición de los objetos en una de las obras.

Historia:

Fermín nos cuenta cómo llegó al Teatro Carlos Carella y cómo, empezando a trabajar en pequeñas cosas, llegó a cumplir un rol fundamental para el correcto funcionamiento de este lugar. Junto con su amiga Gabriela, encargada de la intendencia del edificio, nos relatan distintas anécdotas de lo vivido allí con algunas de las personas que trabajaron con ellos en el establecimiento.

Por una demanda de empleados del lugar, Fermín se ofrece para trabajar allí. Comienza lavando los platos en el bar, en el año 1973, puesto que obtuvo por un corto plazo ya que pronto empezó a hacerse cargo de preparar café y algunas de las comidas que se servían en ese lugar. Como su superior se dio cuenta que él cumplía a la perfección las labores del lugar, sin que se le presentase ningún problema, éste se sorprendió y le fue encargando distintos tipos de cosas que se fueron precisando en ese momento. Como por ejemplo, se le encargó ser ascensorista.
Pasado un mes aproximadamente, Fermín consiguió llegar a hacer lo que realmente le gustaba, para lo cual, él ya había hecho un curso de electricidad unos años antes, que era ser ayudante del técnico del establecimiento.

Pronto comenzó a formarse el teatro, con Carmen Vallejos y Julio López, una actriz y un actor que pronto tendrían mucho prestigio a nivel nacional, para el cual se precisaba que alguien se encargara de la instalación y el manejo de la iluminación. Para esto se le ofreció a Fermín el puesto, a lo que él aceptó con mucho gusto, ya que es a lo que él aspiraba, pero no estaba tan seguro por los horarios que esto le demandaba. Sin embargo, es hasta el día de hoy, pasados alrededor de treinta y cinco años, que él trabaja con total placer y disposición en este lugar. Y con la adquisición del puesto de encargado de la iluminación en el teatro, también obtuvo el cargo de mantenimiento de electricidad del lugar.
En ese entonces, él se fue ganando la confianza de todas las personas involucradas en la dirección, en la producción y en la actuación de las obras, a tal punto, que no estaba lista la función hasta que Fermín la aprobara, y si había algo que no le gustaba, que le parecía que se podía mejorar, que sobrara o que hacía falta, se modificaba automáticamente sólo porque él lo decía. Claro que ellos se lo tomaban de la mejor manera, y aunque las críticas fueran que no le agradaba algo, jamás se lo tomaban a mal porque sabían que él lo decía para mejorar la calidad de la obra, y si él lo decía, seguro que era algo para rever y modificar.


De esta forma, logró establecer un vínculo muy fuerte con Carlos Carella, un actor, director y dirigente sindical que se destacó en el cine, el teatro y la televisión. De él aprendió la mayoría de las cosas referidas al teatro y es el modelo de persona y referente que siempre mantiene en el recuerdo.


Fermín nos cuenta: 




Representación fotográfica:

Representamos la anécdota vivida por Fermín y Carella.














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